02 May 2011
Allí están sus tendones, sus músculos, sus articulaciones, sus órganos internos, sus lesiones. A lo largo de la última semana y durante el debate sobre la reforma política, el país acaba de contemplar un ultrasonido del PRI. Acaba de presenciar una auscultación profunda del partido que está cerca de regresar a Los Pinos, a pesar de los síntomas anti democráticos que presenta. Y el diagnóstico no dice cosas buenas sobre la salud de un organismo que se jacta de ser moderno, pero esconde tumores enquistados, huesos desgastados, linfomas extendidos. La biopsia que sale del quirófano del Congreso está repleta de células atrofiadas, que buscan reproducirse a expensas de la ciudadanía y de los contrapesos. La sonografía priista -llevada a cabo en la Cámara baja- expone un cuerpo que aún contiene las peores patologías del pasado.