July 2012
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A más de una década de la salida del PRI de Los Pinos, el Estado mexicano no ha logrado despojarse de su perfil clientelar. Luis Carlos Ugalde traza en este ensayo la ruta de la agenda política pendiente: la construcción de una sólida democracia liberal
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En lugar de evolucionar hacia una democracia liberal —eso es, a una democracia basada en un gobierno que garantice un estado de derecho con protección de las libertades individuales—, la mexicana se ha convertido en una democracia de tipo clientelista. El clientelismo establece relaciones políticas basadas en el intercambio de favores entre un “patrón” y sus “clientes”, entre políticos que dan prebendas, cargos públicos y presupuestos a cambio de apoyo político o económico. El clientelismo establece relaciones con base en el poder y la influencia; la democracia liberal con base en el derecho y la igualdad ante la ley.
Doce años después de que Vicente Fox desplazó al PRI de la presidencia de la República, el clientelismo sigue vigente y parece adquirir nueva vitalidad. Hace apenas dos décadas muchos intelectuales creían que la limpieza electoral y la alternancia eran el camino seguro hacia la democracia, pero no se preguntaron qué tipo de democracia. Hoy somos más democráticos que hace 20 años, pero no hemos superado el perfil clientelista y corporativo del Estado mexicano. Somos una democracia “iliberal”, usando el término acuñado por Fareed Zakaira hace más de una década.
Por José Manuel Gómez Porchini
Existe una frase que generalmente se atribuye a Nicolás Maquiavelo y que describe a la perfección a los políticos y a la política: “El fin justifica los medios”. Sin embargo, al empezar a leer y documentarme para escribir esta nota, de pronto encontré apuntes que indican que la frase no es ni nunca fue de Maquiavelo, aún cuando bien retrata su obra: dicen que la escribió de puño y letra Napoleón Bonaparte en un ejemplar de “El Príncipe”, la obra más conocida del florentino.
En clase, les digo a mis alumnos que pongan en tela de juicio todo lo que vean, que consulten y que duden de todo lo que se les dice, precisamente para poder llegar al conocimiento.
Hace unos días concluyó un altamente desaseado proceso electoral en nuestra patria con un resultado que parecía gritado desde mucho antes: el triunfo electoral de Enrique Peña Nieto, abanderado del PRI a costa de la debacle sufrida por el partido en el poder, que cayó a tercera fuerza política y los ayes de dolor de algunos líderes de la izquierda ante la derrota que ya se presagiaba, sin reconocer que ahora son la segunda fuerza política en el país.